Cultura del Queso

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Bocadillos a pedir de boca

¿Sabían que el término “bocata” se lo debemos a Antonio Fraguas, Forges? La popularidad de las viñetas de este humorista hizo que pasaran al lenguaje popular numerosos vocablos, algunos de ellos, como el que nos ocupa, fueron admitidos posteriormente en el Diccionario de la Real Academia Española.

Sin embargo, bocadillos en diferentes formas ya se preparaban en los albores de la historia. Los egipcios los hacían con panes planos y las poblaciones indígenas de Hispanoamérica fueron expertas en tortas de maíz que luego rellenaban. La versión con pan de molde se la debemos a John Montagu, IV conde de Sandwich, que la ideó en el siglo XVIII.

Aclarado el origen etimológico e histórico, hoy hablaremos de ese prodigio gastronómico de infinitas posibilidades y delicioso que a todo el mundo seduce y que se resume en algo tan sencillo como unos ingredientes escogidos certeramente para colocarlos entre dos trozos de pan. Pero, claro, en nuestro caso, entre esos ingredientes no puede faltar el queso.

Comenzaremos por la sencillez ya que en ella muchas veces está la clave del éxito. Con solo dos ingredientes podemos conseguir la excelencia: queso, mejor si es un curado o semicurado de Los Cameros y pan de masa madre, y no hace falta nada más, solo disfrutar. Pero como en la variedad está el gusto, podemos complicar un poco esta combinación, añadiendo, por ejemplo, un chorrito de aceite de oliva virgen al pan o unas rodajas de carnoso tomate Corazón de Buey.

Una apuesta tradicional en el norte de España es el bocata de lacón con queso del país, tetilla o Arzúa fundido entre dos generosas rebanadas de pan gallego. Y bajando al sur, el mollete antequerano con queso de cabra y cecina, hace salivar solo de pensarlo.

Originario de las comunidades judías de Polonia, pero extendido en Norteamérica por la diáspora, el bagel es un pan delicioso y muy saludable cuya versión de relleno más clásica es el queso crema con salmón ahumado. También podemos encontrar innumerables versiones de untables que combinan este queso con verduras y hortalizas, frutos secos, embutidos…

Pero pasemos a esos bocadillos que nos hacen derretirnos al igual que lo hace el queso en ellos. Queso Brie con cebolla caramelizada sobre un pan de baguette y con un golpe de horno es también un clásico infalible. Y si le añadimos un solomillo ibérico a la plancha, aún más. Esta variedad francesa también hace buenas migas, nunca mejor dicho, con nuestro jamón serrano o con unos champiñones salteados. Más arriesgada, pero no menos deliciosa, es la combinación con pera (ligeramente cocinada) y bacon.

La intensidad del queso azul encuentra una compensación perfecta combinado con membrillo (casero, a poder ser) y entre dos rebanadas de pan de semillas.

Para desayunar, como tentempié entre comidas, en el almuerzo, para una merienda o una cena improvisada… Sencillos o sofisticados, los bocadillos nos ofrecen una inmensa y suculenta variedad al alcance de la mano. Prueben, muerdan y luego nos cuentan.

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