Cultura del Queso

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Querido queso, ¡qué bien te conservas!

Hemos ido a nuestra tienda de confianza y hemos comprado nuestro queso favorito. ¡Es, sin duda, un buen momento! Pero… ¿Conservamos bien nuestro manjar? ¿Lo mimamos lo suficiente para que llegue a nuestra mesa con todo su sabor, textura y olor? Para que lo disfrutes al máximo, estos son los consejos que te ofrecemos desde Queso Los Cameros.

La mejor manera de conservar el queso en óptimas condiciones, en tu casa, para que no sufra humedad o calor excesivo, es que lo mantengas entre 2 y 10 grados en la parte baja de la nevera. Además, no olvides tapar la parte del corte con papel encerado. Si no lo tienes, es suficiente el plástico film o el papel de aluminio. Si, por ejemplo, has comprado medio queso, tápalo y apoya la parte del corte contra la superficie de la nevera. Con una cuña es más complicado, pero puedes realizar la misma operación.

Al tapar el corte, lo que hacemos es frenar la evolución de los mohos, retrasar el momento en el que aparecen. Con el tiempo, al queso le sale moho, lo que no significa ni mucho menos que haya que entrar en pánico y tirarlo a la basura. Es la forma en la que el queso nos muestra que está evolucionando. Es su manera de explicar: «Ya no soy el mismo que compraste. Quizá mi sabor es más fuerte, pero estoy igual de rico».

No debemos olvidar que este derivado de la leche es un alimento vivo. Imagina que compras un semicurado. ¿Crees que se mantiene perpetuamente de la misma manera? La respuesta es no. En un queso no funciona aquello de «semicurado eres, semicurado te quedas». Así que la solución para las elaboraciones maduradas (semicurados, curados, viejos y añejos), es quitar ese moho con un paño un poco humedecido con agua o un poco de aceite. Limpiamos esa parte, o simplemente cortamos con un cuchillo esa capa fina, y estará listo para comer.

En el caso de que hayamos comprado un queso fresco natural, lo más inteligente es consumirlo de forma inmediata. Aquí sí hay fecha de caducidad y si se deja pasar el tiempo, se echará a perder. Nuestro consejo: mételo en un recipiente cubierto de agua con sal hasta la mitad, más o menos. Así imitamos al suero que, aunque no tiene tanta sal, actúa como conservante natural de los lácteos frescos.

Ya sabes cómo conservar el queso para que se mantenga espléndido. Ha llegado el momento esperado: paladearlo y disfrutarlo. ¿Quieres conocer un par de trucos para consumirlo mejor? En el post de la próxima semana te lo contamos. ¡Os deseamos una sabrosa semana!

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